Escuela en el parque

La Escuela Infantil del Casco Histórico supone la materialización de una dotación largamente demandada por el Barrio más antiguo de la ciudad.

Emplazada en el Paseo Echegaray y Caballero dentro del actual parque de San Pablo y anexa tanto a las instalaciones de la jefatura de Montes como en la proximidad del rio Ebro, la escuela se sitúa en un entorno idóneo para recoger el encuentro de los más pequeños con la enseñanza.

Sobre el carácter paisajístico de la intervención, el edificio es sensible a su entorno, inmerso en un espacio verde con una arboleda cambiante según las estaciones. La Escuela articula sus piezas y crea patios que le permiten incorporar los árboles al edificio. Es muestra todo ello de un profundo respeto por el entorno, como uno de los valores a enseñar a los menores como nuevos miembros de la sociedad.

En el ámbito urbano el edificio refleja los dos frentes existentes en la parcela, uno de carácter más urbano, perteneciente al Paseo Echegaray y Caballero, y otro más orgánico, el de las riberas, relacionado con el parque y el río. En este sentido, el edificio muestra un perfil plano en su frente urbano, y presenta un perfil irregular a medida que se adentra en el parque y se aproxima al río.

La escala de los bloques de viviendas del paseo Echegaray y Caballero así como su situación en depresión frente a la cota del paseo, la próxima plaza Europa o la terraza mirador de Ingeniería de Montes, hacen de la cubierta la superficie más visible de la edificación y una de las fachadas importantes de esta. Se adopta la cubierta vegetal como piel superior, beneficiándose no solo de sus cualidades estéticas sino también de las mejoras térmicas y acústicas que genera. Se vislumbra por tanto la continuidad entre cubierta ajardinada y parque anexo como elementos generadores de calidad visual y ambiental ante la construcción en bloque de un barrio que ofrece su cara a la regenerada ribera del río Ebro.

Las fachadas que generan los volúmenes responden con claridad a su contenido y posibilidad interior, cerrando el bloque de servicios así como la zona de dormitorios y abriéndose en toda su extensión el área de aulas al parque.

La fachada de las aulas, orientada a la zona verde, presenta una composición abstracta, ordenada mediante bandas verticales y perforada mediante huecos rasgados y estrechos (como troncos de árboles), proponiendo mantener una relación “fondo verde-tronco” en sintonía con su entorno. Desde el interior estos huecos verticales recrearán una percepción de la luz y del espacio muy parecido a la de un bosque natural. Los materiales de fachada permiten tamizar la luz, que entra filtrada por las láminas de policarbonato en colores verdes permitiendo un nivel de iluminación interior máximo y evitando el deslumbramiento.

El edificio cede el protagonismo absoluto a los niños. Las aulas disponen de diversas proporciones según las diferentes etapas, lo que permite establecer diferentes apropiaciones del espacio según los diversos cursos. Todas las medidas están basadas en ellos, disponiendo de ventanas inferiores fijas, que pertenecen al “mundo de los niños”, y una serie de ventanas altas practicables, más relacionadas con el mundo adulto.

La escuela en el parque se ha concebido desde un enfoque paternal en el cual el resguardo frente a la hostilidad ajena se traspone en ternura lumínica en el interior enfocado al lúdico patio tutelado.

Finalmente, pero no por ello menos importante, en toda la redacción de este proyecto se ha querido jugar con un romántico recuerdo de la infancia de los arquitectos redactores del proyecto. El cuento de Pinocho y su pasaje en el interior de la ballena, han sido el leitmotiv de la composición volumétrica.

Fecha

Zaragoza, 2010

Arquitectos

Santiago Carroquino, Ignacio Grávalos, Patrizia Di Monte

Promotor

Ayuntamiento de Zaragoza

Superficie construida

1.207,13 m² (resto superficie parcela 1.435,53 m²)

Presupuesto contrata

2.580.067,80 €

Fotógrafo

Jesús Granada